Me complazco en saludarles.
Antes de existir lo que conocemos como estados, el antropónimo era tan solo el nombre propio de la persona. A menudo este tenía algún significado descriptivo o simbólico. El abandono de las sociedades nómadas llevó a los humanos a establecerse de forma permanente en un lugar. Estos asentamientos, junto con los avances en agricultura y ganadería, provocaron un aumento de la población en puntos concretos. Este aumento de número de individuos trajo la necesidad de jerarquización, y también la de tener, como mínimo, un origen de los apellidos.
Me despido.